Siguiendo la Carretera Interamericana hacia la Ciudad de Guatemala, al llegar a un pequeño poblado llamado Los Encuentros, en los límites del Departamento de Sololá, se inicia el camino hacia el considerado “Lago más Bello del Mundo”, el Lago Atitlán. A partir de éste punto y en dirección sur, se sigue un camino de descenso con dirección al lago, admirando primeramente los majestuosos volcanes que lo rodean, el San Pedro (llamado Nimajuyu por los indígenas,) al suroeste; el Tolimán (Oxiqahol) al sur, con el pequeño Cerro de Oro (Chejiyu) frente a él y el Atitlán (Junc’at) a sus espaldas, para posteriormente al llegar a Sololá, poder admirar la belleza de las aguas de este lago, formado hace aproximadamente 84 000 años durante una enorme erupción de la Caldera de los Chocoyos, dando lugar también a la formación de los actuales volcanes del lago debido a su prolongada actividad.
Hace 40000 años atrás el Volcán San Pedro hizo su aparición, para posteriormente nacer el Volcán Tolimán, al finalizar la actividad del San Pedro, presentando únicamente durante ese período actividad volcánica, la cual se mantiene nula hasta nuestros días; sin embargo, el Volcán Atitlán presenta actividad frecuente desde su formación hace 10 000 años, con una violenta erupción en 1469, según la historia indígena, posteriormente ocurrieron otros períodos eruptivos en los años de 1505, 1717 y 1721, incluyendo una erupción en 1541, año en que el Volcán Agua destruyó la antigua capital de Guatemala, la Ciudad Vieja. Posteriormente la actividad ha estado en decremento, con algunos períodos menos violentos durante el Siglo XIX, mientras que en los últimos 100 años la actividad es prácticamente nula, con alguna emisiones de gas tóxico que han llegado a cobrar algunas víctimas.
Las azules aguas del lago más profundo de Centroamérica, junto con los imponentes volcanes crean un lugar de incomparable belleza natural, la cual es acompañada con la enorme riqueza cultural de la docena de pueblos ubicados en sus orillas, cada uno con características únicas, dialectos, costumbres y vestimentas propias, siendo las etnias kaqchikel, k’iche’ y tz’utujil las habitantes estos pueblos.
La ubicación de cada uno de los pueblos es un fiel reflejo de su tradición maya, mezclada con la religión católica. Los pueblos fueron fundados de acuerdo al calendario haab, el cual está formado por 18 meses de 20 días cada uno y 5 días especiales, iniciando en el pueblo de Santiago Atitlán y a partir de ese punto dando nombre a cada pueblo de acuerdo al santo patrono del día que le corresponde en el calendario.
El punto de entrada al lago llegando desde Sololá es Panajachel, el mayor pueblo del lago, el cual se encuentra ubicado en la desembocadura del río San Fernando, en éste sitio se efectuó una batalla durante la época de la conquista, entre españoles y sus aliados kaqchikeles contra los tz’utujiles a los cuales derrotaron; posteriormente levantaron un templo que se mantiene hasta nuestros días; en la actualidad Panajachel posee una importante infraestructura turística, con hoteles, hostales, bares y restaurantes, además de ser el principal punto de partida hacia los demás pueblos, ya sea mediante lanchas o por medio de tuc-tuc (mototaxis), los cuales tienen rutas en los caminos alrededor de lago, de manera que es posible rodearlo en su totalidad por medios terrestres.
Algunos de los principales pueblos son Santiago Atitlán, ubicado al oeste del lago, a la orilla de una bahía entre los volcanes San Pedro y Tolimán, es considerado como la capital de los tz’utujiles. En éste pueblo vivió el sacerdote Francis S. Rother, quien fue asesinado en su parroquia debido a la ayuda ofrecida a los indígenas durante una época de fuerte represión social durante los años setenta; a pesar de las amenazas de muerte que recibía en su contra, se mantuvo firme a sus principios y al lado de sus fieles hasta el final de sus días.
San Pedro La Laguna es otro de los mayores pueblos del lago, con una importante oferta de hoteles, restaurantes y escuelas de español; otro atractivo es el pueblo de San Lucas Tolimán, donde se presenta un curioso fenómeno, en una carretera que a simple vista va en ascenso, al colocar algún objeto móvil, este se desplaza hacia arriba, en lugar de seguir la pendiente hacia abajo, dando lugar a teorías de diverso origen para explicarlo.
Los pueblos del Lago Atitlán han tenido una historia cruenta desde sus inicios, desde épocas de lucha entre sus mismos pueblos para controlar la región, invasiones de civilizaciones provenientes de México y otras partes de Centroamérica, la conquista española, la cual fue facilitada enormemente debido a los conflictos entre las etnias.
A partir de la Conquista Española se vivieron períodos de esclavitud, la cual tiene repercusiones incluso hasta nuestros días en la idiosincrasia de los pueblos, por ejemplo, en las vestimentas representativas de cada pueblo, las tuvieron su origen durante la Colonia, cuando los españoles, para identificar a cada grupo se les asignó un color de ropa a cada pueblo, el cual se conserva hasta ahora, así mismo han sido víctimas de la represión militar de las dictaduras militares del Siglo XX.
Sin embargo, y a pesar de todo, los pueblos siguen conservando sus tradiciones y las han adaptado a las imposiciones de las que han sido objeto, como el hecho de que a sus vestimentas, les añaden tocados propios de sus costumbres, la mezcla de rituales y creencias prehispánicas con la religión católica, y la conservación de sus leyendas, como es el caso del “Xocomeel”, que significa “el que recoge los pecados”
La leyenda dice que el Xocomeel, un fuerte viento que se presenta por la tarde sobre las aguas de lago, producto del choque de las corrientes cálidas provenientes del Pacífico con las frías de las montañas, es producto de la ira del lago, al seguir esperando que una princesa que vivía en lo alto del Volcán Atitlán, a la cual amaba, regrese a bañarse a sus aguas, ya que por celos de su padre, la princesa fue cautiva por el volcán; éste fuerte viento puede llegar a volcar las lanchas, por lo que a partir de las 5 de la tarde se suspende la navegación en el lago.
No solo los pueblos del lago han tenido una historia contusa, el mismo lago y su ecosistema presenta graves problemas, uno de ellos es la aparición de la llamada “planta extraterrestre” (Hydrilla verticillata), y de una cianobacteria, las cuales poco a poco van cubriendo extensas zonas del lago, y representan una amenaza para la fauna y flora de Atitlán.
Esta alga se desarrolla mejor en condiciones insalubres, y está mayormente extendida en la zona norte de Panajachel, donde desembocan los ríos San Fernando y Quiscap, que son virtualmente desagües de las aguas negras de toda la región, además de las zona de San Lucas Tolimán y Santiago Atitlán, debido a que se ubican en bahías en las que no se presenta una importante circulación del agua.
No solo la contaminación del lago representa un peligro, también la introducción de nuevas especies al lago y la alta actividad pesquera, las cuales ya llegaron a cobrar una víctima, el Pato Poc o Zampullín del Lago Atitlán , el cual actualmente se considera extinto; éste pato, endémico del lago, desapareció debido a diversos factores como la disminución de los cangrejos de los cuales se alimentaba al introducir especies de peces no nativas y al alto número de individuos que quedaban atrapados en redes de pesca.
Así mismo en los últimos años el lago ha sentido los efectos de desastres naturales, como en el 2005, cuando el Huracán Stan generó un alud de lodo en la aldea Panajab, ocasionando la muerte de más de 1000 personas. En el año 2010 la tormenta tropical Agatha, dejó sentir su fuerza sobre la zona, desviando la desembocadura del Río Quiscap 650 metros y provocando la crecida del Río San Fernando, destruyendo varios puentes y dejando localidades incomunicadas.
El Lago Atitlán, es un lugar único en el mundo, del cual mucha gente que ha ido solo de paso se ha quedado ahí, enamorado de su belleza natural y cultural; sin duda, Aldous Huxley no se equivocó al etiquetarlo como el “Lago más Bello del Mundo”, sin embargo ¿Lo seguirá siendo?, de no tomar las medidas necesarias para frenar la destrucción y contaminación del hábitat podría llegar a perder ese título que es totalmente merecido.
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* Fotografías por aschzflfn.
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